Presentación del libro: “SON-ETOS II” del poeta Manuel Vélez González
Jueves, 4 de diciembre a las 18:15 h.
En el Ateneo Marítimo, C/ de la Reina, 68.
Con la actuación del cantautor, Vicente Marco y del tanguista Alejandro Señorís.
Se ruega puntualidad. Entrada libre. Vino de honor.
Organiza: Ateneo Blasco Ibáñez.
Reseña del acto
El cuatro de diciembre de 2025, el Ateneo Blasco Ibáñez presentó el volumen ochenta y cuatro de la colección “Algo que decir” que edita la asociación. “Son-etos II, et alia” ha sido el título que el poeta, Manuel Vélez ha escogido para este su sexto libro publicado.
La presentación estuvo a cargo de la escritora y presidente del Ateneo Blasco Ibáñez, Isabel Oliver, quien además ha sido la prologuista. Tras su disertación, en la que alabó el trabajo del profesor Vélez, tomó la palabra el autor para hablar acerca de aspectos relacionados con el tratamiento lírico que suele dar a sus composiciones. Como muestra del contenido del poemario se leyeron algunos sonetos por parte de amigos vinculados con los círculos literarios valencianos que el autor frecuenta.
Intervinieron el cantante de tangos, Alejandro Señorís y el cantautor, Vicente Marco, quienes animaron a la concurrencia con sus canciones, siendo muy aplaudidos por el numeroso público que nos acompañaba.
La tarde finalizó con la degustación de un ágape que sirvió para socializar y tender puentes de amistad entre los invitados al evento.
Vídeo del acto
Presentación del libro de Manuel Vélez: Son-etos II. De amor et alia.
4-12-2025. Por Isabel Oliver
En las páginas que siguen, el lector hallará un tejido de sonetos, versos que, como hilos de luz, buscan atrapar la efímera danza de las emociones humanas. Cada soneto es un pequeño cosmos, un instante detenido en catorce líneas donde el alma dialoga con el tiempo, el amor, la pérdida y la maravilla de existir. Escritos con la cadencia del corazón y la disciplina de la forma, estos poemas son un homenaje a la tradición poética que, desde Petrarca hasta nuestros días, ha sabido cantar lo inefable.
Los que conocemos al profesor Vélez nos asombramos con la elección del léxico que emplea en su poesía. No estaría de más conocer a Manuel Vélez por el sobrenombre de “El poeta de las palabras elevadas”, ya que estamos ante un poeta singular, un poeta cuya pluma parece danzar en los confines de la erudición, un artífice del verso que, con su léxico exquisito, nos invita a desempolvar nuestros diccionarios y aventurarnos en un laberinto de significados.
Manuel Vélez no teme abrazar las palabras cultas, esas joyas lingüísticas que resuenan con la profundidad de siglos pasados y la precisión de un bisturí intelectual.
Este poeta, cuyo nombre resuena en los círculos literarios como un eco de la antigüedad clásica, no escribe para complacer al lector fugaz. No, su obra es un desafío, una provocación. Cada estrofa es un rompecabezas, cada verso un enigma que exige paciencia y curiosidad. Sus palabras, a menudo extraídas de los rincones más recónditos del idioma, no son un mero alarde de erudición, sino un acto de resistencia contra la simplificación del lenguaje en un mundo que a veces prefiere la inmediatez a la profundidad.
Pensemos, por ejemplo, en su uso de términos como hiatídico, akásico o añagaza. ¿Quién, al leerlos, no siente la tentación de detenerse, abrir un diccionario y descubrir su significado? Manuel no solo escribe: educa, despierta, nos empuja a expandir los límites de nuestro entendimiento. Sus versos son un puente entre el presente y el vasto legado de nuestra lengua, un recordatorio de que las palabras, en su complejidad, son portadoras de historia, cultura y matices.
Sin embargo, algunos podrían preguntarse: ¿es necesario tanto alarde? ¿No sería más accesible un lenguaje sencillo, directo? A ello respondo: desde mi opinión, Vélez no busca la accesibilidad, sino la trascendencia. Sus palabras cultas no son un muro, sino una puerta hacia lo sublime. Nos reta a escalar la montaña de su poesía, prometiendo, en la cima, una vista que pocos han contemplado. Porque, ¿qué es la poesía sino un acto de elevar el alma, de desafiar lo cotidiano y alcanzar lo inefable?
No obstante, este poeta no es inalcanzable. En su complejidad hay humanidad. Sus temas —el amor, la muerte, el paso del tiempo— son universales, pero su forma de abordarlos es única. Cada palabra, cuidadosamente elegida, es una pincelada en un lienzo que refleja la condición humana con una precisión casi quirúrgica.
Al abrir el diccionario para descifrar un término, no solo aprendemos su significado, sino que nos sumergimos en la intención del poeta, en su deseo de nombrar lo innombrable.
Así pues, celebremos que la poesía de Manuel Vélez nos obligue a ser mejores lectores, mejores pensadores. Su obra no es solo un conjunto de versos, sino una invitación a redescubrir el idioma, a maravillarnos ante su riqueza y a recordar que, en cada palabra, hay un universo por explorar.
Este poemario, “Son-etos II. De amor et alia”, viene a ser la segunda parte de otro poemario ya alumbrado, “Son-etos de amor desamor y otros trampantojos”. No sabemos si el autor pretende una trilogía de “Son-etos”, o por el contrario, dará por concluida esta etapa en esta segunda fase.
Lo que sí podemos apreciar es que este libro está dedicado al amor. El amor, esa chispa indómita que danza en el alma, es el hilo invisible que teje los versos de este libro. En cada poema, late la búsqueda de lo eterno y lo efímero, el susurro de las emociones que se encuentran y se pierden, que se quiebran y se reconstruyen.
Estas páginas no pretenden capturar al amor, porque el amor no se deja apresar; más bien, son un espejo donde se reflejan sus múltiples rostros: la euforia del encuentro, el vértigo del deseo, la melancolía de la ausencia y la quietud de lo que perdura.
Escribir sobre el amor es como intentar atrapar al viento con las manos: siempre se escapa, pero deja en la piel su caricia.
Adéntrense en estas páginas con el corazón abierto. Dejen que los versos les hablen, les abracen o les hieran. Porque el amor, como la poesía, no pide permiso: simplemente sucede.
Que la pluma de Manuel Vélez siga desafiándonos, y que nosotros, con diccionario o no, en mano, aceptemos el reto con entusiasmo.
Concluyo esta intervención con un soneto que le he hecho a Manuel Vélez:
Homenaje al tejedor de sonetos exóticos
¡Oh, vate singular, orfebre del verso!
En catorce hilos tejes lo inaudito,
tu pluma danza en léxico proscrito,
hallando en lo arcano su universo.
Con palabras de olvido y de disperso
excavas gemas en tiempo infinito:
palimpsesto de quimera exquisito
que al soneto le da valor diverso.
¿Dónde hallaste, Manuel, ese vocablo?,
¿oculto en éter, grietas de tiempo ido,
o fue en el susurro de un numen diablo?
Tu soneto es enigma en sol pulido:
nos enseña a soñar con lo inefable
y a guardar la cultura en lo inmutable.
Isabel Oliver.
Presidente del Ateneo Blasco Ibáñez.
Fundadora del Movimiento Escritores pro Derechos Humanos.