David Acebes Sampedro

Escritos • David Acebes Sampedro

Primer Premio de Poesía en el VIII Certamen Literario Ateneo Blasco Ibáñez. 2017:

LA QUIETUD QUE NOS RODEA
[Décimas]

Y queda luego el gris arcano, detenido.
CLARA JANÉS

-1-
La quietud es tu condena,
tu reproche de metal,
sobre un tenso pedestal
que pospone nuestra pena.
Como el tiempo que, de arena,
se consume cuesta abajo,
así cumples tu trabajo
con tozuda cerrazón,
convertido en un bufón
que proyecta desparpajo.

-2-
«No te muevas», me dijiste
con tu mueca más traviesa,
como niña que confiesa
un secreto que no existe.
Y que lucha y que persiste
más allá de toda duda,
con la saña que se escuda
tras el velo de la infancia,
donde cursa la arrogancia
que te quiso testaruda.

-3-
¿De qué sirve comprender
los obtusos agujeros
que se ciñen, como ceros,
a mi recto proceder?
En mi mente, tal que ayer,
una brisa se disipa
en el caos que anticipa
un futuro aterrador,
como muestra de un dolor
que del polvo participa.

-4-
Con qué terca soledad
desarropas la concordia,
ese monstruo que me incordia
en las noches sin edad.
Cuántas veces la maldad
disimula su elocuencia,
sopesando la violencia
de un mutismo sorprendente,
que confunde lo paciente
con la mera penitencia.

-5-
Lo profundo es el abismo
que me colma de quietud,
anhelando la virtud
de un perfecto silogismo.
El que busca, sin cinismo,
en un vasto corredor,
acrecienta su pavor
y su miedo disoluto,
que no tiene sustituto
ni tampoco sucesor.

-6-
Con un gesto vertical
en tu triste plazoleta,
miras profunda meseta,
solariega y ancestral,
el azul monumental
de un paisaje tan abstracto
que sonríe y, en el acto,
delimita tu vacío,
recordando que lo mío
no trasciende de su pacto.

-7-
Espejismo de mujer
en un agua tan mundana,
que se turbia con la vana
esperanza de su ser.
¿Cómo mido tu poder?
Si en tu ruta palaciega
se desagua, casi ciega,
esa lava curativa
en paciente comitiva
por las faldas de tu vega.

-8-
Payaso de pura raza,
arlequín iluminado,
¿cuánto sabes del pasado,
si no sales de tu plaza?
Si te callas, amordaza
tu silencio resistente
de bufón intransigente
que padece verborrea
y, de noche, ronronea
como gato delincuente.

-9-
Por un caos ondulante,
se desliza la evidencia
de un poeta, sin presencia,
que se jacta de talante
y se sabe tripulante
de una nao trascendente,
que zozobra con la gente
en un magma de pereza,
donde yerra la proeza
de saberse diferente.

-10-
Cuando todo lo proscrito
a tu juicio se somete,
no hay razón que no se agriete
en mi sangre de granito.
Si por algo delimito
mi paciencia desusada,
tras la fe de una llamada,
que me lanza a la disforia
con la prisa perentoria
de una vida desplazada.

© David Acebes Sampedro

Segundo Premio de Poesía en el VI Certamen Literario Ateneo Blasco Ibáñez. 2015:

La Vida, Conmigo

[Homenaje a Francisco Brines]

La vida se fue conmigo
y me he quedado sin mí,
y el vacío que ahora tengo
no me lo llena el morir.

La imagen en que me miro
más que reflejarme a mí
soy yo mismo: una apariencia
que ahí existe, sin vivir.

GLOSA

La vida se fue conmigo
a un lugar por descubrir,
donde sigo, sin morir,
con la muerte de testigo.
A lo sumo, contradigo

5
un dichoso sentimiento
que confunde lo que siento
con la pose de sentir,
como quiera que vivir
es un leve pensamiento.

10
Y me he quedado sin mí,
sin un cuerpo que me obligue,
cual fantasma que persigue
lo que deja tras de sí.
Si tú sabes que nací

15
condenado de antemano
por la vara de un tirano,
tan atroz como divino,
que conoce mi destino
como palma de su mano.

20
Y el vacío que ahora tengo
contradice mi pasión,
como vana posesión
de un pasado que retengo.
Ante todos, yo sostengo

25
un futuro consecuente
que pospone mi presente
al instante de mi cuna,
donde cupo la fortuna
que me quiso recurrente.

30
No me lo llena el morir
el vacío de quererte,
si seguro, tras mi muerte,
llenarás mi porvenir.
¿Cuánto cuesta no fingir

35
esta terca soledad?
Al vivir, tu oquedad
me previene de su vicio
y del torpe desperdicio
que conlleva la maldad.

40
La imagen en que me miro
interroga tu mirada,
que se siente difamada
por el beso que suspiro.
Con los años, ya no admiro

45
el rubor que te describe,
pues presiento que se vive
sin pensar en lo perdido,
como tiempo derretido
en reloj que nos prescribe.

50
Más que reflejarme a mí,
se refleja tu silencio
en un gesto que sentencio
a tenor de lo que vi.
¿Es que acaso no te di

55
una prueba de mí mismo?
Al sentir tu paroxismo,
se deshizo mi sentir,
que no ha vuelto a concurrir
en larguísimo mutismo.

60
Soy yo mismo: una apariencia
que confirma mi pasado,
un recuerdo que, callado,
dulcifica tu conciencia.
Entre tanto, mi paciencia

65
desafía su destino
y se bate con tu sino,
proyectando la ficción
de una esquiva desazón
que dilata su camino.

70
Que ahí existe, sin vivir,
la razón de mi existencia,
castigada sin presencia
por el hecho de existir.
Ante el hito de morir,

75
me planteo cierta duda:
¿Qué será lo que se escuda
tras el velo de la vida?
¿Es la meta o la salida
de un destino que se muda?
80

© David Acebes Sampedro ver currículum »

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